"Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: <Mujer, ahí tienes a tu hijo>.

 Y luego dice al discípulo: <Ahí tienes a tu madre>. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa".
 
(Juan 19, 25-27).

 

Las imágenes de Santísimo Cristo del Calvario, la Virgen de los Dolores y San Juan Evangelista pasaron a formar parte del patrimonio de la Hermandad en el año 1943.

 

La familia Montoliu Palmer hizo donación de las imágenes de San Juan y la Virgen de los Dolores, adquiridas en el taller de los Sucesores de José J. Sacrest. Del mismo artesano procede la imagen del Santísimo Cristo del Calvario, donación de la familia de Ramón Arambul.

 

El paso no se concibió como un grupo escultórico tal y como se observa en la actualidad, ya que originalmente cada imagen tenía un paso propio. Fue en años más recientes cuando las tres imágenes se reubicarían en la misma peana, formando el actual conjunto. No obstante, la Virgen de los Dolores sí tiene su peana propia para el día de su fiesta, cuando es trasladada en procesión para la Santa Misa del viernes de Dolores.

 

 

El Santísimo Cristo aparece representado después de su muerte, con un rostro sereno, y con la sangre de la lanzada sobre su costado. En la Cruz figura la inscripción "INRI", que significa "Jesús Nazareno Rey de los Judíos".

 

La Virgen de los Dolores, vestida con un manto azul oscuro con bordados en oro, una túnica roja granate y un pañuelo blanco sobre la cabeza, levanta la mirada al cielo. Su rostro lleno de lágrimas refleja resignación y dolor. Sus manos están en posición de oración, oración por la humanidad que acaba de matar al propio Hijo de Dios. La imagen incorpora un elemento simbólico, propio de la iconografía de las dolorosas: un pequeño puñal, a modo de espada, traspasa el corazón de María, signo del dolor por la pérdida de su Hijo, y recuerdo de la profecía de Simeón el día de la presentación del Niño Jesús en el Templo, cuando dijo a María que una espada de dolor atravesaría su alma.

 

Finalmente, San Juan Evangelista, el joven discípulo que siguió a Jesús hasta el pie de la Cruz, se le representa con un aspecto juvenil, con el pelo largo y sin barba. Su postura es similar a la de la Virgen, aunque muestra las manos sobre el pecho, símbolo de la fe en Dios. Su rostro es menos emotivo, aunque también refleja esa angustia humana ante la pérdida del Maestro.  Sus ropajes contrastan en cuanto a los colores con los de la imagen de la Virgen. San Juan lleva una túnica verde ocre y un manto de color rojo con bordados de oro. De esta forma, unido al colorido de la Virgen y el color de la piel de la imagen de Cristo se consigue un conjunto escultórico muy rico a nivel cromático.

 

Actualmente se pueden contemplar estas imágenes en la Capilla de San José de la Iglesia del Convento.