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HISTORIA Y TRADICIONES DE LA SEMANA SANTA NULENSE
 

 

Domingo de Ramos

Según la tradición, los nulenses el sábado de Pasión cortaban palmas verdes y el Domingo de Ramos por la mañana iban congregándose en la iglesia. En el presbiterio se bendecían las palmas y algunas ramas de olivo que llevaba la gente. El clero no repartía las ramas de olivo como en la actualidad, sino que se guardaban para hacer ceniza para el Miércoles de Ceniza del año siguiente. Después de la bendición de palmas, la gente salía en procesión por la puerta de la Plaza Mayor llevando palmas verdes, mientras que el clero y la corporación municipal llevaba palmas blancas. Se daba la vuelta a la iglesia y se entraba por la otra puerta, que daba a la “Replaceta del Retor”.

Por la tarde se iba al Calvario, llevando al Nazareno y la cruz tapada con un paño morado. Allí se rezaba el Via Crucis.

Los fieles solían poner la palma del Domingo de Ramos en el balcón de su casa, ya que según la tradición la palma protegía de tormentas y maleficios. Los que no tenían palma pedían un trozo de hoja y con ella hacían un cruz y la colocaban al lado de la puerta o del balcón.

Jueves Santo

Todas las celebraciones de la Semana Santa se hacían con una gran austeridad, y la gente se mostraba seria y de luto.

A las diez de la mañana, en la Iglesia Mayor tenía lugar la misa, y acto seguido se trasladaba el Santísimo Sacramento al suntuoso monumento que la Cofradía de Nostre Senyor preparaba  junto a la puerta principal; para el montaje del monumento se utilizaban las palmas blancas que había llevado la Corporación Municipal el Domingo de Ramos. Antiguamente la cera del monumento que no se acababa de consumir era distribuida por el Consell de la vila por todos los hitos que señalaban la separación del término municipal de Nules de los de las poblaciones vecinas.

Por la noche se iba a la Iglesia de la Sang, y desde un púlpito de madera que se colocaba junto a la puerta se escuchaba el “Sermó de Sang”. Después se sacaba en procesión la imagen de la Sang, el Nazareno y la Virgen de la Soledad, vestida de luto. Los clavarios de la Sang iban vestidos con una túnica morada, cíngulo y capirote, y llevaban la cruz con el lienzo del descendimiento, tal y como continúa haciendo nuestra Hermandad. La procesión se dirigía hacia la iglesia del Hospital, continuaba por la calle San Francisco y la “Replaceta del Retor”, cruzando por el interior la Iglesia Mayor. Se seguía hacia el Convento y después por la calle Santa Teresa, calle Ancha, calle San Antonio y la actual calle San José hasta volver a la Iglesia de la Sang. Dos hombres con túnica roja y cara descubierta pedían limosna “a la Puríssima Sang de Jesucrist”.

Viernes Santo

Poco después del amanecer, el pueblo subía al Calvario para escuchar el sermón  llevando sillas y “catrets”. La Corporación Municipal, la Cofradía de la Sang y el clero acompañaban al Nazareno, la Virgen y San Juan, que después eran devueltos a la Iglesia Mayor. A las diez de la mañana se hacía la adoración de la Cruz; el Ayuntamiento y el clero se descalzaban y se arrodillaban por tres veces, besando la Vera Cruz.

Por la tarde, los fieles visitaban las diferentes iglesias para cumplir la costumbre de besar los pies. En la ermita del Calvario, en la de San Joaquín y en la Iglesia del Hospital se colocaba una imagen de Cristo muerto.

Bien entrada la tarde se hacía el oficio de tinieblas, y por la noche la procesión del Entierro, en la que las imágenes desfilaban con el siguiente orden: La Sang, San Juan, la Virgen de los Dolores, el Nazareno, Cristo Crucificado, la Piedad, el Sepulcro, la Cruz con los paños del descendimiento y la Virgen de la Soledad.

Pascua de Resurrección

Las calles estaban sin limpiar desde el Jueves Santo. El sábado a las 10 de la mañana todas las campanas rompían el silencio, señalando la Resurrección de Cristo; las mujeres salían a barrer las calles, dando la impresión de que de repente todo había cambiado. La gente hablaba más alto y se volvía a cantar mientras se limpiaba la casa.

Después del volteo de campanas, algunos portadores que habían llevado las imágenes de la procesión del Entierro iban a la iglesia y sacaban las peanas de San Juan y la Virgen, y las llevaban por la actual calle de Matías Torrejón en dirección al Calvario. A la altura del Ravalet, empezaban a correr para ver quien llegaba antes a la ermita del Calvario, donde se guardaría las imágenes hasta el año siguiente.

El Domingo de Resurrección, a las 8 de la mañana, salía la Soledad de su capilla, vestida de blanco y llevando todas sus mejores joyas. Por su parte, de la Iglesia Mayor salía el Santísimo Sacramento bajo palio. La Virgen se paraba en la calle Mayor, y ofrecía tres acatamientos, tal y como se sigue haciendo en la actualidad. Al tercero sonaban todas las campanas, se soltaban palomas y se iba en procesión hasta la iglesia, donde se cantaba misa solemne. Por la tarde se iba al campo, en grupos de amigos, para comer la “mona de Pascua”. El martes de Resurrección todo volvía a la normalidad.
 

ANEXO:

MARTÍNEZ MONTÉS, J.L. y MARTÍNEZ PALMER, V. El Calvari de Nules, Universitat València, 2003. (+info 1ª parte) (+info 2ª parte)

 

FUENTE:

FELIP SEMPERE, V. Recull per a una història de Nules, vol. I, Nules, Caja Rural San José de Nules, 2000, pp. 78-82.

 


 

 

 

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